Artista invitada
(…)
Yo conozco
el camino
que transcurrió de una edad a una edad
hasta que fuego o vegetal o líquido
se transformaron en profunda rosa,
en manantial de gotas encerradas,
en patrimonio de la geología
Yo duermo a veces, voy
hacia el origen, retrocedo en vilo
llevado por mi condición intrínseca
de dormilón de la naturaleza,
y en sueños extravago
despertando en el fondo de las piedras.
Pablo Neruda /Las piedras del cielo/1970
Sobre la artista
Silvia entiende la estepa patagónica desde la memoria del agua.
Ësto, aquí, fue mar hace mucho.
Entiende del tiempo, de la sal, de la arcilla, de la tierra, del agua, del aire y del fuego necesario para que suceda.
Su formación artística ocurre desde el deseo y se materializa en el hacer.
Nos conectamos cuando ese motor comenzaba a empujarla hacia otro territorio: la expansión de un oficio hacia nuevas posibilidades poéticas. No se trataba de abandonar lo aprendido, sino de permitir que ese trabajo, conocimiento y experiencia encontraran otra forma de decir.
En su taller, Silvia investiga. Prepara sus esmaltes como una alquimista, formula, prueba, registra, espera. Conoce la materia y sus reacciones; sabe de las temperaturas, los tiempos y los procedimientos. Y después la somete al fuego, a contrastes extremos, a transformaciones que nunca pueden ser enteramente previstas.
Equilibrista de lo impredecible, camina con rigor sobre la cuerda que enlaza conocimientos técnicos duros con la magia de lo que pueda suceder.
Tierra y agua hacen posible la forma. El aire acompaña el camino hacia el fuego y algo se transforma de manera irreversible.
Hay conocimiento, intención y oficio, pero también una zona de vértigo que escapa al estricto control.
Y hay algo más: Ella es maestra. Su saber no permanece encerrado en la intimidad del taller. Circula. Se comparte entre manos, preguntas, pruebas, errores, hornos y esperas. Enseña desde un conocimiento construido durante años de hacer, pero también desde la curiosidad de quien continúa explorando con otros. En su taller, producir y transmitir parecen formar parte de una misma sinfonía.
Sabe habitar precisamente ese borde y conserva algo esencial: una mirada de niña que todavía se permite sorprenderse y sonreir.
Bio
Silvia Catallani nació en Buenos Aires en 1958, cerca del Delta del Paraná. Comenzó a explorar la cerámica a los 23 años y, desde entonces, construyó su formación artística a través del hacer, la investigación, el intercambio y una práctica sostenida de taller.
Luego de formarse en distintos espacios de Buenos Aires, en 1985 instaló su primer taller en Balvanera. Dos años más tarde se radicó en Neuquén, donde profundizó su vínculo con la cerámica y desarrolló una práctica que integra oficio, experimentación y docencia.
A lo largo de más de cuatro décadas ha trabajado con piezas utilitarias, escultóricas y experimentales, explorando gres, arcillas y materiales de la región, esmaltes, minerales, cocciones convencionales y alternativas, así como diferentes procesos de transformación de la materia.
La enseñanza ocupa un lugar central en su recorrido. Desde hace años acompaña a otros en el aprendizaje de la cerámica, promoviendo la investigación, la experimentación y la construcción de lenguajes propios. Su taller funciona así como espacio de producción, aprendizaje y circulación de saberes.
Participó en ferias, muestras individuales y colectivas, bienales, seminarios y encuentros vinculados a la cerámica. En 2020 fue seleccionada para participar del Primer Encuentro Latinoamericano de Ceramistas en Pisac, Perú, dedicado al Qhapaq Ñan.
Actualmente vive y trabaja en Neuquén, en una casa-taller donde vida cotidiana, producción artística y enseñanza conviven de manera orgánica. Allí desarrolla su obra, investiga materiales y procesos y sostiene una labor docente profundamente ligada al hacer.
GALERIA
Se concentra el silencio
en una piedra,
los círculos se cierran,
el mundo tembloroso,
guerras, pájaros, casas.
ciudades, trenes, bosques,
la ola que repite las preguntas del mar,
el sucesivo viaje de la aurora,
llega a la piedra, nuez del cielo,
testigo prodigioso (…)
Pablo Neruda /Las piedras del cielo/1970